ALIMENTACIÓN, NUTRICIÓN Y DIETÉTICA

El ser humano, necesita materiales con los que construir o reparar su propio organismo, energía para hacerlo funcionar y reguladores que controlen ese proceso.
Para conseguir todo ello, solo puede utilizar un limitado grupo de sustancias llamadas nutrientes: lípidos, hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, minerales y agua. Estos materiales forman parte, en mayor o menor proporción, de los alimentos, que son las sustancias naturales o artificiales, que ingerimos mediante la comida: una pera, una paella o un bocadillo de jamón.
La alimentación es por tanto el conjunto de acciones que permiten la introducción en nuestro organismo de los alimentos. La alimentación incluye la selección de los alimentos, su cocinado y su ingestión. Todo ello depende de las necesidades individuales, disponibilidad, aprendizaje, cultura, religión, situación social y económica, aspectos psicológicos y geográficos, etc.
Donde termina la alimentación, empieza la nutrición; es decir, cuando los alimentos entran en el aparato digestivo. Por lo tanto la nutrición es el conjunto de procesos mediante los cuales nuestro organismo incorpora, transforma y utiliza los nutrientes contenidos en los alimentos para mantenerse vivo y realizar todas las funciones que le son propias.
La dietética se puede considerar como una parte o una aplicación de la nutrición. Podríamos definirla como “la ciencia que estudia las relaciones prácticas entre alimentación, salud y enfermedad”. Se ocupa, por lo tanto, de los alimentos a ingerir en función de las condiciones de las personas.
Para ver la relación entre dieta y salud no tenemos más que mirar a nuestro alrededor.
En los países pobres, donde falta el alimento, las infecciones son las enfermedades más frecuentes. Lo mismo pasaba en la Edad Media en épocas de sequía en las que las hambrunas coincidían con las pestes.
En los países ricos, el exceso de alimentos poco naturales nos ha llevado al aumento de las llamadas enfermedades de la civilización, como los accidentes cerebrovasculares, la diabetes, la hipertensión, la osteoporosis y otras enfermedades degenerativas.
Nos encontramos ante una paradoja, la sociedad occidental nos ofrece por primera vez en la historia de la humanidad una alimentación rica, variada, abundante, fácil de obtener e higiénica; pero nos encontramos con un problema para el que la evolución no nos había preparado: la elección.
En las sociedades cazadoras-recolectoras la solución era fácil, se comía lo que se encontraba; pero hoy en día basta darse una vuelta por el supermercado para advertir la gran variedad de alimentos a nuestra disposición. Y aquí comienza el problema, nos guiamos más por nuestras apetencias que por el sentido común y la intuición que hemos perdido al haber perdido el contacto con la naturaleza.
Hay pocas personas que hagan buen uso de ese potencial alimenticio que se nos ofrece: Podemos elaborar dietas adecuadas con muy variadas mezclas de alimentos, pero parece evidente que cuando estas dietas son consumidas en cantidades superiores a las necesarias, o contienen cantidades desproporcionadas de algunos de sus componentes, pueden tener un efecto desfavorable para la salud.
El aumento de las enfermedades de la civilización es espectacular en aquellos países que han tenido un desarrollo económico e industrial muy rápido. Por ejemplo, en Japón a la vez que se abandonó los hábitos de alimentación tradicional a base de arroz, soja y verduras y se sustituyeron por una alimentación cargada de grasa y azúcares refinados, aumentó la obesidad, las enfermedades cerebrovasculares, la hipertensión y la diabetes.
Las autoridades sanitarias de muchos países relacionan el elevado consumo de grasas saturadas y transformadas con el mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, el exceso de alimentos refinados, es decir, carente de fibra con el estreñimiento y otras enfermedades de los intestinos; el exceso de proteínas procedentes de carnes y otros productos animales, con las enfermedades degenerativas como la osteoporosis.
También sabemos que el consumo de frutas y verduras con sus vitaminas y antioxidantes nos protegen de muchas enfermedades, por ejemplo, del cáncer.
Pero, lo peor de todo es que estas enfermedades de la civilización no empiezan a manifestarse hasta la 2ª mitad de la vida, pero se gestan a lo largo de los años.





