ALIMENTOS SALUDABLES Y ALIMENTOS DAÑINOS
Los alimentos pueden ser saludables o dañinos en función de la cantidad y la calidad. Los alimentos más saludables son los más naturales, los que menos transformaciones hayan sufrido. Me refiero a la transformación industrial y a la casera, por ejemplo, es más saludable el pescado hervido o la plancha que el frito, y las verduras frescas que las enlatadas.
También es mucho más saludable comer alimentos integrales que refinados, no solo por que tienen más fibra que nos ayudan en el tránsito intestinal, sino también porque contienen vitaminas y minerales necesarios para su metabolismo.
Dentro de los alimentos naturales saludables encontramos los cereales como el arroz o el trigo en forma de pan o de pasta, las legumbres, las semillas, las verduras, las frutas, los pescados y las aves de corral. Además, hay otros muchos alimentos naturales de origen animal como las carnes, los huevos y los lácteos que pueden ser saludables si son de buena calidad y se consumen en pequeñas cantidades o dañinos si son de mala calidad o se consumen en grandes cantidades. Por ejemplo, no todas las grasas son igual de malas a la hora de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Se sabe que los esquimales de Groenlandia tienen una elevada proporción de grasas en su dieta habitual y sin embargo, para ellos las enfermedades cardiovasculares son prácticamente desconocidas, y es que las grasas de los pescados que ellos comen son muy beneficiosas para nuestra salud arterial.
Aunque esto de la calidad también tendríamos que extenderlo a todos nuestros alimentos.

DIETA SANA Y EQUILIBRADA Sana y equilibrada debería ser inseparables, es decir, si la dieta es equilibrada nos debería proporcionar salud. La dieta equilibrada ha de elaborarse con alimentos sanos en proporciones adecuadas y con la variedad suficiente para que no falte ningún nutriente y luego adaptarla a las necesidades particulares. Equilibrada, además de indicar que no falte ningún nutriente, me refiero a vitaminas, proteínas, etc, significa que nos proporcione equilibrio, es decir, que si tenemos frío nos caliente, si tenemos calor nos refresque, si estamos muy dilatados nos contraiga, si estamos muy contraídos nos afloje. El equilibrio hay que buscarlo individualmente, pero hay una base general para todos, que coincide con las recomendaciones de la O.M.S., con la alimentación tradicional y con la más adecuada para la fisiología de nuestro S.D. La mayor cantidad debería ser de cereales y legumbres, es decir, alimentos ricos en hidratos de carbono, luego menores cantidades de frutas y verduras y menor cantidades de carnes y otros productos de origen animal, es decir, de alimentos ricos en proteínas; y por último cantidades pequeñas de azúcares puros, grasas puras, presentes en los dulces, la bollería, los fritos, etc. Por ejemplo, si hacemos un plato combinado y lo dividimos en cuatro partes, 2 (la mitad del plato) serían de cereales y/o legumbres, 1 parte de verduras y un poco menos de la parte que queda sería de productos animales o derivados (carne, pescado, queso, huevos) A parte pondríamos poner una pieza de fruta, pequeñas cantidades de frutos secos y semillas y el aceite de los aliños. Otro buen ejemplo lo tenemos en las paellas valencianas. Luego esta dieta hay que adaptarla a cada uno, dejando de un lado la edad, que exige necesidades especiales sobre todo en cuanto a cantidades. Por ejemplo, si nos sentimos fríos o estamos resfriados, nuestra alimentación tendrá que ser más calorífica con más cereales y menos verduras crudas y más cocidas y poca fruta que es refrescante, y mejor si es en compota. Si por el contrario, nos sentimos muy calientes por haber realizado un ejercicio intenso o por que hace calor, o estamos congestionados, pondremos más cantidad de verduras y frutas y las verduras la comeremos en ensalada mejor que cocidas, y reduciremos un poco las legumbres. Para adaptarla a la edad haremos caso a la capacidad digestiva y a la actividad realizada. Por ejemplo, un bebé que todavía no tiene dientes sólo podrá mamar, es decir lo mejor para él es mamar; a medida que van apareciendo los dientes vamos viendo que aumenta su capacidad digestiva y ya le podemos dar otros alimentos. Cuando completa la dentición vemos que la naturaleza nos indica que hay más molares que incisivos y caninos que como su propio nombre indica son para moler granos (cereales, legumbres,...).
Si hacemos vida sedentaria, hay que reducir proporcionalmente la cantidad de alimentos. 




